martes, 8 de julio de 2014

The More Loving One

Looking up at the stars, I know quite well
That, for all they care, I can go to hell,
But on Earth, indifference is the least
We have to dread from man or beast.

How should we like it were stars to burn
With a passion for us we could not return?
If equal affection cannot be,
Let the more loving one be me.

Admirer as I think I am
Of stars that do not give a damn,
I cannot, now I see them, say
I missed one terribly all day.

Were all stars to disappear or die,
I should learn to look at an empty sky
And feel its total dark sublime,
Though this might take me a little time.

W. H. Auden

miércoles, 17 de julio de 2013

Variables ocultas

El dibujo de la portada del blog, esa especie de piano, lo hice yo. Una noche a las tantas de la mañana en mi pequeña habitación de Madrid, decidí sacar una pluma y un tintero que tenía sin abrir, e intentar ver cómo se usaba esa cosa. Decidí hacer un piano, porque me encantan. Y decidí hacerlo bien. Unas teclas perfectas, para que no se supiera que estaba hecho con pluma, y la gente dijera: ¿Y ese dibujo, Gabo? y yo respondiera: Ah, sí, lo hice yo con pluma. —¿En serio? ¡Pero si dibujas como si un perro tuviera tinta en el hocico y la hoja oliera bien! —Pues sí, en serio. —Oh, ah.

Total, que me puse a hacerlo. Para el que no lo sepa, mi habilidad para dibujar es más o menos la de un pingüino borracho hiperactivo con las patas manchadas de tinta. Inevitablemente, a la cuarta o quinta tecla me confundí. La lie muchísimo. Era un error absolutamente imposible de disimular. Así que pensé: a tomar por saco, fuera esto. Y lo emborroné con la mano, pinté más rayas y lo manché entero. Fui a lavarme las manos, y al volver miré el papel. Recuerdo haber pensado: "está tan mal que nadie se creería que ha sido sin querer. Parece que lo has hecho mal adrede." Abracé ese nuevo punto de vista: de pronto la indecente chapuza pasó a ser "la representación del fracaso de la percepción humana en un presente subjetivo donde las cosas son recuerdos de las cosas".

Y lo subí al blog, porque yo siempre he sido un poco así, una chapuza con patas que parece que lo hace todo adrede.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Oda a la capacidad de síntesis

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, descubrió profundamente asqueado que se había convertido en sí mismo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Down on my knees


Sonando: Jeff Buckley - Hallelujah

Ya te lo he dicho alguna vez: esta canción siempre hace que me ponga religioso. No hablo de religioso en el sentido divino, grande y ruidoso de la palabra, sino de una forma íntima, umbría, introvertida. Pienso en ti y los sentimientos bajan a la punta de los dedos, gotean de mi pelo, ondulan con cada nota como un charco cuando llueve.

Siempre he pensado en blanco y negro, no hay colores en mi imaginación, ni siquiera grises. Cuando cierro los ojos, o cuando me evado y pienso en mis cosas, todo lo que veo son manchas de claridad en un fondo negro. Ahora que lo pienso, representa bien lo que sé de ti, retazos, un boceto de una persona, líneas poco claras, ínfimos puntos de luz en una extensa penumbra, no es lo suficiente como para enamorarme.

Pero eso no significa que no me agites. Poca gente lo consigue, sorprenderme, impresionarme, hacer que me dé cuenta de que les he subestimado. No suelo subestimar porque no suelo estimar, no juzgo a la gente de primeras. Pero si me he formado una opinión de alguien tras un tiempo, es raro que cambie, que se rompa y que tenga que tirar todos mis esquemas a la basura y crear unos nuevos, o renunciar a cualquier esquema contigo.

No sé si es Buckley o eres tú, pero el caso es que me tranquilizas, me provocas sonrisas y escalofríos, me trastocas la mente. Y así como estoy, agitado pero no revuelto, me estoy dando cuenta de que he vuelto. Ya no hay el Gabriel frío, contento, bueno y sin inspiración que ha habido durante los últimos tres o cuatro años.

De repente me siento vulnerable, me siento mal o me siento bien, voy y vengo, cambio de opinión. Pienso en ti y todo mi mundo se inclina, siento vértigo, descargo adrenalina y quiero que esa sensación no se vaya. Todavía estoy entumecido, es normal, ha sido mucho tiempo sin sentir casi nada y me va a costar acostumbrarme, pero puedo hacerlo, vivir en un mundo inclinado.

Mientras va terminando la canción de Buckley voy apurando los últimos escalofríos antes de encender la luz y poner otra canción cualquiera, antes de que mis sentimientos, fríos y líquidos, suban por mi espalda y se vuelvan a guardar dentro de mí.

Hoy no estás aquí para darte un beso con la mente de rodillas, pero escuchando a Jeff, pensé que podía construirte una capilla de palabras.



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jueves, 4 de agosto de 2011

Eclosión

Cuando Nathan Stewart (el hombre con más éxito de toda América en el mundo del marketing) llegó a casa aquel día, todo en él irradiaba confianza y seguridad, al menos para cualquier observador normal.

Un observador avispado, sin embargo, habría notado que en su sonriente muro de piedra facial, había grietas. Habría percibido cómo esas grietas iban gradualmente marcándose más, en el eje central de su cuerpo. Habría advertido, alarmado, que Nathan Stewart al llegar a casa aquel día se estaba partiendo en dos y que, efectivamente, las dos mitades se estaban desprendiendo la una de la otra.

Al caer definitivamente al suelo los dos trozos vacíos de Nathan con un sonido hueco, dicho observador habría podido vislumbrar, si se hubiera fijado bien, a un pequeño ser de un color verde oscuro, húmedo, arrugado, lloroso y frágil, y habría podido verlo correr penosamente a la cama y abrazarse a la almohada, manchando las sábanas de lágrimas y sangre.

El único consuelo -pensó Nathan Stewart mientras lloraba- es que los observadores avispados escasean.





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jueves, 14 de julio de 2011

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Ella se dio la vuelta, y entonces los vio.


Esos ojos.

Esa mirada.


El terror la incapacitó, agarrotándole el pecho. Cayó de rodillas llorando. No podía moverse. Todo empezó a quemar, a abrasar.

En cuestión de un segundo, la ropa se deshizo en polvo bajo el poder de aquella mirada. Su piel ya se había deshilachado cuando el calor hizo que su carne se convirtiera en polvo seco. Ni siquiera tenía ojos para llorar cuando sus huesos se derritieron, ni cerebro para sufrir cuando desapareció por completo del universo, calcinada, desintegrada.


Él la miró, divertido, y sonrió: "¿Se encuentra bien, señorita?"

"¿Eh? Sí, sí."




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viernes, 10 de junio de 2011

Otōto-sama

Me gustaría bienvenir a mi hermano, Jaime, a Blogspot. Seguro que tiene mucho que aportar! Oh Dios mío, patata frita!

http://nostromojap.blogspot.com



God shave the Queen.