domingo, 19 de marzo de 2017

Termodinámica ideológica

Se supone que la ciencia observa las cosas e intenta encontrar explicaciones a lo que ve. Una mentalidad científica es aquella que no se conforma con explicaciones de medio pelo, con "es que lo dice Fulano" o "es que en Villanueva del Pardillo lo hacen así de toda la vida".

Es curioso que mucha gente que se autoconcede la medalla a la mentalidad científica (y la medalla a la mente más abierta, de rebote) parece olvidarla cuando el humano objeto de estudio se declara contrario a su ideología. Enseguida se pasa de la ciencia al moralismo, y el moralismo es la comida basura de la conciencia. Resumiendo, uno no está en posición de superioridad moral frente a los demás, en ningún caso. EN NINGÚN CASO. Así no funciona la moral. No es lógico tener unas preferencias e intentar universalizarlas. No existen las personas malas. Las hay egoístas, las hay confusas, las hay equivocadas, las hay enfermas. Pero el mal es un invento de Hollywood para vender palomitas, y antes de eso, un invento de los líderes militares para que los chavales se matasen por una idea, y antes de eso, ignorancia supina acerca de la aldea de al lado. Lo importante aquí son las cosas. Las medidas concretas, las ideas, la intención común, que se pierde en un mar de marujeo, descalificación, egos, prejuicios e intolerancia.

La realidad es que este país lleva siendo un nido de avispas de lo correcto como mínimo desde la Inquisición. Siglos de dar la pppppppputa brasa con la religión, y desde hace cincuenta años que la gente empezó a darse cuenta de que era todo mentira (en vez de lo óptimo, que habría sido darse cuenta de que la religión no es que fuera mentira, es que es una alegoría que los fanáticos se toman demasiado literal), cambiaron la religión por el buenismo, que es lo puto mismo y es igual de verdad que Dios mandando lapidar a la peña por llevar ropa hecha de dos hilos diferentes.

En fin, a lo que iba, que la cultura de la dicotomía, la descalificación colectiva y el sesgo buenista son enemigos del pensamiento crítico y la razón. A la hora de entender por qué la gente vota a tal partido o por qué los políticos del partido que tanto odiamos o por qué fulano ha hecho tal cosa, es más fácil acercarse a la verdad si uno prescinde de la respuesta ingenua y visceral de: "porque solo le importa él mismo y le daría igual acabar con la humanidad con tal de salirse con la suya". Son bucles mentales que no llevan a nada, son victimismo exotérmico.