martes, 5 de octubre de 2010

Vuelvo a las historias, me gustan más

Rompí el cómodo silencio.

—Siempre me ha gustado la playa a estas horas. Aún así, es una pena que haya luna llena.
—Pero qué dices, si es preciosa...

Observé con cariño sus tres cuartos de sonrisa. No me había equivocado al traerla aquí, aunque sólo fuera la segunda cita.

—Con luna llena se ven mucho menos las estrellas— dije.

Se acurrucó contra mí como un gato a punto de dormirse. La recosté de lado en la arena.

—Idiota. Si no hubiera luna llena, no podrías verme.

Sonreí y me tumbé a su lado, sin dejar de mirarla.

—Tienes razón— sentencié.

Alargué la mano hasta su nuca y jugué con su pelo. Ella cerró los ojos. Después, con las uñas recorrí suavemente el camino hasta el lóbulo de su oreja.

—Me encanta qu-

Mi dedo índice se situó con delicadeza en sus labios. Los recorrí de lado a lado, varias veces, notando cada línea. El dedo bajó lentamente, rozando su cuello por un lado, a lo largo del esternón hasta el ombligo, y siguió hasta el borde del bikini. Tras tontear con el borde de la tela, continuó su camino por la cadera hasta la espalda. Rocé suavemente su columna vertebral, de abajo a arriba, y dio un respingo.

Con esa misma mano, apreté su espalda contra mí, mientras me giraba para colocarme boca arriba. Se abrazó a mi cintura, con la cabeza en el hueco de mi hombro y una pierna entre las mías, y nos quedamos dormidos.

—Te quiero—, oí mientras me dormía.

No sé si lo dije yo o si lo dijo ella, pero no importaba.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.