Aries y sus once amigos querían conquistar a Virgo. Un día Aries partió hacia el Este.
Tauro quería hacerle un regalo y buscó por todas partes la primera estrella de la noche.
Géminis en un arroyo le cantó una canción: “Espero que esta melodía te alcance”.
Cáncer se dirigía al promontorio donde estaba Virgo. “Cuando el sol se hunda en el mar, ¿te veré?”
En el mar Leo esperaba la puesta del Sol. Llegó Cáncer pelearon y al agua fueron a parar.
En el promontorio del ocaso Virgo dijo: “Sólo deseo contemplar la puesta del sol contigo”.
Libra llevaba siempre la contraria. Si el Sol iba para aquí, él iba para allá. ¿Podría ver a Virgo?
Escorpio vivía mirando su sombra. Ese día le dio espaldas a su sombra y subió por la colina.
Por la noche Sagitario fue a buscar a Virgo. El viento del norte le acariciaba la mejilla derecha.
Capricornio corrió y corrió hacia el sol. Pero cuando el sol llegó a la cima, cayó dormido.
Acuario, que llegó el último, preguntó: “¿Quién ha besado a Virgo?”.
Piscis dijo en voz baja: “Ve donde estaba el elegido de Virgo. Él te contara el resto”.
Sin pensar en el pasado ni en el futuro, Virgo y Escorpio se besaron a la luz del Ocaso.
miércoles, 6 de octubre de 2010
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