jueves 3 de abril de 2008

La Dama Miedosa

Érase una vez una bella joven llamada Lydia, que vivía en una casa en el campo con sus padres, que eran labradores. Desde pequeña, siempre le habían advertido sobre los peligros del exterior: animales salvajes, plantas venenosas, bandidos despiadados... Por ello, se dedicaba a las tareas del hogar, y nunca se alejaba de la casa.

Una tarde, pasaba por allí un apuesto caballero cuando, al verla en la ventana, quedó prendado al instante de ella. De inmediato se dirigió al campo de trigo donde trabajaba el padre de la joven.

—Buen señor, vengo de lejanas tierras en busca de una mujer para casarme, dado que mi madre está moribunda y mi padre, el Duque de Nusia, está decidido a que ella me vea casado antes de morir. Muchas jóvenes he visto desde que partí y que arda en el infierno si alguna era más bella que vuestra hija. Permitidme desposarla, buen señor, y se os concederán honores y privilegios dignos de la alcurnia que la belleza de vuestra hija merece.

—Vuestra proposición no me es tentadora, joven caballero, puesto que con mi tierra me es suficiente para mantener a mí y a los míos, y no necesito de riquezas y esos lujos de nobles. Sin embargo, no impediré que os caséis con mi hija Lydia si ella lo desea, pues a mí me basta con que esté a salvo y feliz.

—Extrañas son vuestras palabras, buen hombre, y no carentes de sabiduría. Permitidme conocer a vuestra hija, pues.

—Quedáos a cenar si lo deseáis, que ya está anocheciendo, mas no esperéis manjares palatinos. Apenas habrá cena para los cuatro.

Y así el jóven caballero se quedó a cenar. Durante la cena, habló de batallas, de aventuras peligrosas, de lugares que había conocido, y con cada nueva palabra crecían en Lydia a la par el amor y la tristeza. ¿Cómo podría amar a un hombre que da muerte a otros en sangrientas batallas, y que podría ser muerto en cualquiera de ellas? Pero, ¿cómo podría no amar a un hombre tan apuesto, valiente e interesante? Y sintió miedo. Miedo de quedarse sola si se casaba con él y éste moría, y miedo de no hacerlo y quedarse sola aún si el caballero no moría.

Entretanto, se había hecho demasiado tarde para que el caballero pudiera seguir su viaje, así que tuvo que quedarse a pasar la noche, aplazando por tanto la decisión de Lydia al día siguiente.

Preocupado por su devenir, el joven era incapaz de conciliar el sueño. ¿Aceptaría ella la proposición? ¿Encontraría a otra más bella en caso contrario? ¿Volvería a tiempo para ver a su madre? Incómodo y absorto en sus pensamientos, el caballero salió a dar un paseo a la luz de la luna.

Escaleras arriba, en su cama, Lydia temblaba de miedo. Se se iba con él, ¿acaso volvería a ver a sus padres? ¿Le gustaría su nuevo hogar? ¿Y si no está cómoda y él no vuelve de una de sus aventuras? ¿Estaría condenada a vivir en ese lugar para siempre? Intranquila y acalorada, fue a abrir la ventana para que entrara aire fresco. Hacía una noche preciosa.

Al oír el ruido de la ventana desde la hierba, el joven se sobresaltó. Entonces, ella se asomó, extrañada por el ruido, y sus miradas se encontraron bajo la tenue luz lunar.

Se hizo un silencio incómodo, que el caballero rompió diciendo:

—¿Te has decidido ya? Necesito saberlo cuanto antes, no hay tiempo que perder.

—No sé qué hacer. Hay tantos peligros, tanto que dejar atrás, tantas cosas que podrían salir mal... Sólo soy una campesina, no sabría cómo actuar frente a los Duques, qué vergüenza. ¿Y si no estoy a la altura de las circunstancias?

—Olvida tus miedos. Véncelos, ven conmigo. Casémonos y conozcamos mundo, corramos aventuras. Al principio será difícil, por supuesto, pero cada vez será más fácil, aprenderás a comportarte como una dama y todo el mundo te apreciará y respetará. Supera la vergüenza: comprendo tus carencias y te ayudaré a solucionarlas, y tú a mí con las mías. No renuncies a las emociones por tus miedos, pues éstos desaparecerán si son vencidos.

—Pero no desaparecerán los peligros. ¿Y si te pierdo? ¿Qué sería de mí, viuda y amargada?

—¿Y qué si me pierdes? ¿Acaso no sería mejor haber amado y haber perdido que nunca haber amado? No va a ser fácil. Te ofrezco un camino que requiere un gran esfuerzo. Tendrás que vencer a tu mayor enemigo, tú misma. Tu vergüenza, tus miedos iniciales y tu inexperiencia. Pero piensa en lo que obtendrás: aventuras emocionantes, amor, riquezas, felicidad. ¿Acaso no merece la pena?

Larga fue la conversación que los jóvenes mantuvieron, mas al alba, Lydia no había tomado una decisión. El caballero se marchó sin decir nada, y nunca volvió.

Sus vidas siguieron caminos distintos. Él fue feliz con otra doncella, casi tan bella como Lydia. Ella nunca fue feliz porque nunca superó sus miedos. Aunque se casó con un chico de por allí que era bueno y amable, no se querían demasiado. Y muchos años después, cuando él ya la había olvidado, ella aún se preguntaba cómo hubiera sido su vida de no ser tan cobarde, y siempre llegaba a la misma conclusión: mejor.

5 comentarios:

Gabriel dijo...

Me pierdo en los diálogos.

Hipatia de Alejandría dijo...

"Me pierdo en lo diálogos", me muero de risa, Gabriel.
Leí esta historia en tu otra galaxia y me gustó mucho. Veo que le has acoplado un final, y que no has seguido los consejos de Little-Sammet.
Gracias por pasarte por la nave (dejas unos comentarios que suben mucho la moral). Creo que ya sabes que andamos pegadas de tiempo (ahora toca Roma y nos acordamos mucho de tí) y los exámenes están encima. Aunque no dejamos comentarios, nos pasamos a diario por tu Husakk.
Un beso, desde la Enterprise.

Juan dijo...

Muy bueno.
el final nuevo es el ultimo párrafo?

juan dijo...

comentando por comentar.
no hay nada mas horrible que tomar decisiones. el miedo no es malo. No el miedo a algo concreto. Los que tenemos miedo a decidir , un miedo cerval hemos sufrido el peor de los vértigos que se puede sufrir... el de toda una vida por delante que dpende de tu decision.
quizás es el precio que hay que pagar por un gusto demasiado amplio. Por el regalo de que te guste todo y por la maldicion de que no te atrevas a renunciar a las cosas. El decirle adios para siempre a algo o a alguien es el peor de mis miedos, y el despedirme de un instante es mi peor carga. Por eso acumulo fotos con mis amigos con una especie de bulimia nostálgica.

Goathemala dijo...

No, no te pierdes en los diálogos. Lo haces muy bien. Me cautivó desde el inicio. Felicidades. Me gusta tu estilo.

Saludos.